Lo bueno, lo malo y lo incómodo sobre la “apropiación nacional”

2. COMMENTARIO
14 Feb 2014

por Kate Macintyre

Después de casi $28 mil millones  de  dólares,  los esfuerzos  del Fondo Mundial para mantener el principio rector de "apropiación nacional", continúan intactos, fortalecidos, respaldados, reinventados  y vueltos a "hacer hincapié" en cada oportunidad posible. 

Es una base sólida, basada en la noción de que los países mismos saben cómo resolver sus propios problemas y pueden adaptar sus respuestas al SIDA, la tuberculosis y la malaria a su propio contexto político, cultural y epidemiológico.

Y eso es correcto, es bueno y como debería ser y el Fondo Mundial no está solo al promover esto como base de sus inversiones de desarrollo: además bajo este principio  las personas que viven en medio de las epidemias se consideran más informadas sobre lo que necesitan, cuando lo necesitan y hasta cómo deben desarrollarse las intervenciones.

La apropiación nacional, se argumenta, también crea responsabilidad de gestión, ejecución y supervisión. Por lo tanto, al establecer  la apropiación nacional de los programas, el Fondo Mundial está afirmando  que el país debe ser responsable por el éxito o fracaso de los mismos. 

Subyacente a este compromiso con la apropiación nacional  hay una motivación de muchos donantes:  si un país se "apropia" de un programa, es más probable que lo "sostenga" después de que se hayan terminado los fondos de cooperación . Así, en términos básicos, "apropiación nacional " desde la perspectiva de los donantes, es una "estrategia de salida" con un menor riesgo de fracaso a largo plazo. 

Las grietas en la base  de estas "buenas" definiciones " sobre "apropiación nacional" sólo aparecen cuando, lo que un gobierno nacional quiere se enfrenta contra la visión de lo que desea un donante u otras voces en el país. 

Muchas de las definiciones de "apropiación nacional"  atribuyen un grado de equidad a los procesos democráticos que simplemente no son evidentes. Democracias nacientes en muchas partes del mundo no tienen sistemas establecidos para oír y hacer frente a las múltiples voces que el principio de "apropiación nacional" implica. sobre todo, no tienen políticas de protección   para brindar "espacios seguros" para que las personas o grupos vulnerables expresen lo que piensan  

Incluso en una democracia madura como la de los Estados Unidos, donde la libertad de expresión y la sociedad civil tienen un espacio asegurado, se requirió un movimiento que canalizara la indignación de los hombres gay  (ACT UP), con una campaña brillante y sostenida de cinco años en la década de 1980, para atraer la atención del gobierno y la sociedad  sobre el problema del acceso al tratamiento para el SIDA. 

Esta falta de conexión entre los supuestos del principio de apropiación nacional y las realidades de los espacios políticos en muchos países gravemente afectados por la epidemia, está en la raíz de varias de las tensiones que pueden comprometer el modelo del Fondo Mundial, y puede interferir seriamente en la proceso de solicitudes y aprobación de subvenciones. Ventilar las diferencias que producen esta desconexión es necesario .

En su afán de no ser demasiado prescriptivo, y promover la participación de los países, el Fondo Mundial, en su génesis, permitió demasiada libertad en la definición de lo que era "apropiación". Esto representó problemas desde el momento en que se aprobaron las subvenciones (con la palabra  "Go") : ¿Quien  era dueño de qué?  "Apropiación nacional" significa que el Gobierno lidera? , O se permite una diversidad de voces para guiar el establecimiento de prioridades de un país?  En los primeros tiempos del Fondo, las sugerencias gentiles hechas a los países,  sobre la importancia de la inclusión de las voces de la sociedad civil , se encontraron  con el silencio.

La realidad era y en muchos casos sigue siendo, que las voces más fuertes son las que están bien establecidas: el gobierno, sus organismos y sus asociados técnicos. La representación de los mecanismos de coordinación de país (MCP) sigue siendo un desafío para las mujeres, para los jóvenes y para todas las personas que viven con las enfermedades. Muchos grupos 'representados' en los MCP son tan solo fichas, adornos para satisfacer las cuotas y criterios de elegibilidad exigidos por el Fondo.

Un amigo mío lo explico de esta manera sencilla: "nadie escucha voces fuera de los canales formales del gobierno. Sólo estoy aquí con la esperanza de que los fondos que llegan alcancen a algunos grupos que luchan contra la epidemia que está derrotando a mis amigos".

Mi amigo y yo esperamos que el nuevo modelo de diálogo del país previsto bajo el nuevo modelo de financiamiento  contrarrestará ese sesgo y ofrecerá espacios a algunos de los miembros de los MCP que hasta ahora han permanecido sentados en silencio.

Lo que también hemos visto es que el Fondo Mundial está creciendo, haciendo valer su papel como "corrector técnico" mediante más recomendaciones del PRT y el Comité de Aprobación de Subvenciones (ver artículo). Estas recomendaciones oscilan desde solicitar que las  notas conceptuales  incorporen más programas específicos para los derechos humanos, un énfasis mayor en la reducción de daños ymayor atención a las cuestiones de género y poblaciones clave hasta solicitar  que los Receptores  Principales sean cambiados o que programas enteros sean suprimidos de las  propuestas.

Existe un riesgo de que algunas de estas recomendaciones, la mayoría ( si no todas)  de las cuales tienen una base muy sólida en la salud pública, crucen la fina línea entre el soporte técnico y el principio fundamental de apropiación nacional,   este riesgo es calibrado dependiendo de donde uno está sentado.

Como era de esperarse, con la puesta en marcha del Nuevo Modelo de Financiamiento, como en tantos modelos de donantes y receptores, se han expresado tanto  inquietud como quejas acerca del mayor  control proveniente de Ginebra. Y para algunos, en los países en implementación, las quejas se han traducido en  preocupaciones acerca de lo prescriptivo que el Fondo puede ser en comparación con el sistema de Rondas.

Hoy en día, el Fondo requiere que los países demuestren  conocimientos sobre sus epidemias, sus contextos y  que presenten datos, basados en evidencias que apoyen sus estrategias y las intervenciones planeadas para  calificar como receptores de donaciones. Gran parte de la calidad del intercambio dentro del diálogo del país debe provenir de la calidad de los planes estratégicos nacionales. Por lo tanto, tener mejores planes debe dar como resultado una mayor apropiación nacional. Pero, ¿hasta dónde estarán dispuestos los planes nacionales a implementar estrategias decentes para alcanzar  a las poblaciones clave? ¿Y hasta donde estará el Fondo Mundial dispuesto a ir, para garantizar que esas estrategias y esos objetivos sean implementados?

Al fin y al cabo, se trata de la clase de relación de trabajo que los países están dispuestos a tener, con el Fondo Mundial y con  las voces de la sociedad civil que ya no quieren permanecer en silencio, sino más bien levantarse y ser apoyadas completamente por el Fondo Mundial. Este será el desafío crítico para asegurarse de que la "apropiación nacional" se distribuya uniformemente entre todos aquellos que quieran asegurar el mejor impacto posible de las estrategias de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria.

Lamentablemente, muchos gobiernos siguen nerviosos acerca de compartir poder y recursos cuando se trata de la sociedad civil. 

Este mes, una prueba de ese nerviosismo y temor, ha provenido de Nigeria, donde el Presidente Goodluck Jonathan promulgó la última legislación anti-gay para aterrorizar a las comunidades afectadas en África subsahariana (ver artículo). Este es un choque clásico y no raro entre la estrategia del Fondo para las poblaciones clave y el derecho nacional de autodeterminación por los funcionarios electos del país. Lo que el Fondo decida hacer a continuación tendrá enormes repercusiones tanto para Nigeria como para todas las futuras conversaciones sobre su principio rector de "apropiación nacional" 

Kate Macintyre es la directora ejecutiva de Aidspan. Las opiniones expresadas en este comentario son sus propias opiniones.

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